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Durante el embarazo y la lactancia ni una gota de alcohol

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Durante el embarazo y la lactancia ni una gota de alcohol. Parece algo lógico y coherente, pero no lo es. Y yo, como siempre, apelando a la evidencia, te diré que si esto fuera así, la Asociación Española de Matronas (AEM) y Cerveceros de España no se hubieran visto en la necesidad de lanzar la campaña “Porque él bebe lo que tú bebes”, una iniciativa de concienciación dirigida a mujeres que se encuentran en periodo de gestación o lactancia, donde se les advierte de que el consumo de alcohol en cualquiera de estas dos etapas puede suponer un riesgo para la salud del feto o el recién nacido.

Esta campaña se enmarca en un contexto en el que, si bien parece que todos conocemos los riesgos de consumir alcohol durante el embarazo, según un estudio, en España el 42% de las mujeres reconoce haberlo consumido durante la gestación en un contexto social. Además, solo entre el 2% y el 3% es consciente de que una sola copa puede ser perjudicial.  Pero los riesgos no solo existen durante el periodo prenatal. La lactancia sigue siendo parte fundamental en el desarrollo del niño y, sin embargo, algunas mujeres no dan la suficiente importancia a esta etapa y no son conscientes de que, a través de la leche materna, transmiten todo lo que consumen al bebé. Por ello, es importante concienciar a estas madres sobre la incompatibilidad del consumo de alcohol durante el proceso.

Recientemente,  la Asociación Española de Matronas y Cerveceros de España, en colaboración con Saludesfera, nos reunieron en un interesante taller para ahondar más sobre el tema.

Alimentación

Así Andrea Calderón, dietista-nutricionista de la Sociedad Española de Dietética y Ciencias de la Alimentación (SEDCA), explicó la importancia de seguir una alimentación equilibrada y saludable siempre y más durante el embarazo y la lactancia.  En estas situaciones lo idea es que las madres consumamos entre dos y tres veces al día, verduras, frutas y hortalizas que aportarán vitaminas hidrosolubles, fibra y multitud de compuestos antioxidantes con beneficios adicionales para su salud. Además, es fundamental la ingesta habitual de legumbres (2-3 veces a la semana) y la inclusión de frutos secos no fritos y semillas habitualmente. Por supuesto, siempre se priorizará como grasa de elección, tanto para aliñar como para cocinar, el aceite de oliva virgen. Por último, estas madres también deben incluir pescado (inclusive pescado azul) y huevos, entre 3-4 veces por semana, ya que son ricos en grasas omega 3 esenciales para el desarrollo correcto del bebé, nutriente que interviene en la formación de las estructuras del sistema nervioso del recién nacido.

Por su parte, Charo Sánchez, miembro del comité de la Asociación Española de Matronas, no habló sobre la importancia de una correcta alimentación para la salud del niño, y es que, según esta experta, “una alimentación equilibrada proporciona los nutrientes adecuados para favorecer el crecimiento y desarrollo del bebé, la calidad de la placenta, mantiene el nivel de energía a lo largo del embarazo, parto y post-parto, previene anemias y activa la producción de la leche”. Por otro lado, respecto a la lactancia, “la composición de la leche materna asegura una nutrición ideal para el bebé al contener elementos exclusivos que protegen a los niños frente a enfermedades relacionadas con los radicales libres, enfermedades degenerativas y metabólicas, o aquellas provocadas por un déficit de defensas”. De hecho, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda la lactancia materna como la alimentación ideal para un recién nacido hasta los seis meses de vida.

Hidratación

En cuanto a la hidratación, Andrea Calderón comentó que las mujeres en periodo de lactancia también deben de asegurarse de beber adecuadamente. Si bien el agua es la mejor opción para conseguir los niveles adecuados de hidratación, las madres también pueden decantarse por infusiones, leche o cerveza que no contenga alcohol.

Riesgos

El consumo de bebidas alcohólicas durante el embarazo puede generar daños en el crecimiento de los órganos del futuro bebé o en su desarrollo cerebral, en ocasiones irreversibles. Entre algunos de los problemas se encuentran: problemas de corazón, riñones o huesos, Trastornos del Espectro Alcohólico Fetal (discapacidades físico-intelectuales),  o en los peores casos, incluso un aborto espontáneo o una muerte fetal. Además, durante la lactancia estos hábitos también pueden llegar a generar graves problemas de salud en el recién nacido. Entre ellos, una reducción de la capacidad cognitiva, la posibilidad de desarrollar posibles retrasos en el crecimiento, un empeoramiento del razonamiento no verbal (en comparación con el resto de los niños que han sido amamantados por mujeres que no consumían alcohol)  o una reducción en el reflejo de bajada de la leche materna, lo que puede significar que el bebé obtenga menos leche materna durante las tomas. En los casos más graves, un consumo agudo excesivo puede provocar coma, convulsiones y riesgo de muerte en el lactante.

Después de todo lo que te he contado, súmate al reto: durante el embarazo y la lactancia ¡nada de alcohol!

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